Friedrich Schunk, sin apenas medios, abre un sencillo taller mecánico en un garaje de la localidad alemana de Lauffen am Neckar.
Su reputación como "manitas" y su habilidad para encontrar una solución a cualquier problema fueron sus principales activos. Con innumerables inventos innovadores, como por ejemplo una máquina de perforar pantallas de lámparas, así como la calidad que se exigía a sí mismo, el pequeño negocio se labró buena fama desde el principio.
Los primeros grandes encargos hablan por sí mismos: La fabricación de tambores de freno y volantes para el NSU Prinz 4 y de piezas de precisión para el modelo de Porsche 356. La empresa se centraba cada vez más en el desarrollo, fabricación y perfeccionamiento de los métodos de producción. La continuidad durante los siguientes años quedaba patente con el aumento del personal.